24 de mayo de 2008 (11′00 h.)
Joseba:
Sin destino… Hasta donde aguanten las piernas… Últimos diez euros…
Sábado, ocho de la mañana y amanecemos con la tienda empapada por la condensación y por el calor que Sébastien desprende ya que el hombre lleva mucho tiempo sin estar con una chica y además mira que le tengo dicho que no debe respirar tanto por la noche. Dos mochilas cargadas hasta la saciedad, dos bastones con millones de golpeos sobre la tierra y mucho cansancio en dos cuerpos es lo que deben de soportar nuestras cuatro piernas esta jornada.
Llevamos andados ya unos cinco kilómetros desde el lugar de acampada, cinco kilómetros con los brazos izquierdos extendidos y los dedos pulgares indicando a los coches que pasan por nuestro lado la dirección de Sevilla cuando aproximadamente veinte metros por delante nuestro para un monovolumen Chrysler y da unos metros marcha atrás. Hayeham Abujaleela es el palestino que se ofrece a llevarnos hasta Almendralejo, un gran tipo que nos libra de una tormenta que se acerca por el oeste. Después de presentarnos y charlar durante diez kilómetros, nos deja en un hotel-restaurante de carretera que se encuentra a en la parte norte y a veinte minutos andando de la ciudad. No podemos despedirnos de Hayeham sin antes grabarle en vídeo, sacarle alguna foto y pedirle, como a todas las personas que nos ayudan en el viaje, que defina el mundo con una sola palabra. Su palabra es duro, se nota que le ha tocado luchar para, entre otras cosas, ganarse un puesto de trabajo en una empresa de energía solar. Suerte en la vida Hayeham, mucha suerte compañero!!!
Pasamos unas tres horas en el aparcamiento del hotel y al mismo tiempo que preguntamos a todo el mundo que se dispone a montar en su coche si nos puede acercar a cualquier destino dirección Zafra, aprovechamos para comer media barra de pan con algo de chorizo que habíamos guardado ayer. Es sábado y la gente no está muy por la labor de montar en su coche a dos viajeros así que decidimos andar y por lo menos cruzar hasta el otro extremo de Almendralejo y probar suerte allí. Hacemos un alto en medio de la ciudad para entrar en el Lidl y aprovisionarnos para los próximos tres días con lo que nuestros últimos diez euros nos permitan. Sébastien hace una buena compra y cargamos con otros cuatro kilos cada uno, calculamos que ya son entorno a los veinticinco los que portamos sobre cada una de nuestras espaldas. Media hora después hacemos otro alto para descansar un poco y fumarnos uno de esos cigarros que tan baratos salen y que tan bien sabe liarlos Sébastien. Llegamos a una rotonda que indica dirección Sevilla por autopista o por la nacional y decidimos parar definitivamente en ella para probar suerte con el dedo ya que hemos localizado un sitio debajo nuestro donde poder montar la tienda y pasar la noche en caso de que nadie se anime a recogernos con su coche. Ya es la hora de comer y los pocos coches que pasan por nuestra derecha no se animan a nada, sólo unos pocos se atreven a sonrreírnos cuando en el cartel que les mostramos leen un café en Zafra??? Aunque las horas que pasamos en la rotonda se hacen muy duras por la falta de gente que se apunte a desplazarnos de una forma motorizada, el frío y en algunos momentos el agua que nos cae encima, en ningún momento dejamos de lado el buen humor. Me parece que nos va a tocar dormir debajo de la rotonda, le digo a Sébastien. Mochilas al hombro y el cartel con la pregunta un café en Zafra ya guardado en el bolsillo de la guitarra, comenzamos a bajar por uno de los laterales del puente en el que vamos a pasar la noche. Joder!!! tres metros nos separan de las vías del tren pero estamos a cubierto y no nos vamos a mojar salvo que mi compañero siga tan caliente o respire más de la cuenta.
Anda que no hay piedras!!! Anda que no van a sufrir nuestras espaldas como no comencemos a quitarlas de en medio!!! Está claro que los trabajadores que construyeron esta línea de tren, no pensaron en ningún jodido momento que Sébastien y Joseba podían pasar una noche (o dos) ahí!!!
Parcela limpia. Tienda montada. Unos sandwiches de quesitos el Caserío en pan de molde con bien de fibra y unas cuantas galletas María, es la dieta que seguimos hoy para mantener nuestro “tipazo”. Tenemos la cena preparada pero necesitamos de un lugar muy acogedor donde poder disfrutarla, si encima fuese en buena compañía y con un buen fondo musical, mejor que mejor. Un montoncito de piedras que los trabajadores de Renfe nos dejaron estratégicamente colocadas sirven para asentar nuestras posaderas… Las vías a dos metros, son las preciosas vistas que tenemos… Dos policías locales parados con su 4×4 a siete metros y frente a nosotros… Dos trenes pasando tranquilos y saludando con dos melódicos pitidos… Qué más se puede pedir??? Nuestro viaje es perfecto!!! Nuestra cena es de los más romántica!!!
Venga Sébastien, sueña esta noche con hombres e intenta que tu respiración tenga unas pausas de 10 minutos!!!
Buenas noches compañeros, mañana será otro día pero dudo que sea mejor.
Besitos para ellas y abrazos para ellos