Posteado por: Joseba y Sébastien | 26 Mayo 2008

En la playa del cruce

26 de mayo (08’00 h.)

Joseba:

 

Mis ojos se abren y pocos segundos después miran a Sébastien, sigue dormido…

 

Ocho de la mañana y de nuevo la tienda está mojada pero esta vez por fuera y por dentro, se ha pasado toda la noche lloviendo y “nuestro chalet”, por ahorrar peso, no tiene doble toldo para el agua. Elegimos bien el sitio porque durante la noche no ha pasado nadie cerca nuestro o por lo menos no lo hemos sentido. Otros cuantos “puñados” de cereales son suficientes para desayunar, me estoy acostumbrando ya a comer prácticamente todos los días lo mismo, lo más barato y siempre frío. Una vez más nos liamos a recoger todo…

 

La verdad es que creo que el recorrido de hoy va a ser bueno para la vista, conozco un poco la zona y sé que hay mucho para disfrutar. Los primeros dos kilómetros no van mal pero a partir de ahí empezamos a oír el típico, joder!!! por el peso de la mochila. Un hombre nos indica el mejor camino para atravesar la autovía y enganchar con el “camino verde”, un carril para bicicletas que va desde Huelva hasta el cruce, no tengo claro si también hasta Punta Umbría. Recorremos otros dos kilómetros de los seis que nos quedan aproximadamente y hacemos una paradita para descansar y comer algo. Un “tomatito”, cuatro rodajas de pan de molde acompañadas de  los tres quesitos que dejamos la noche anterior, son bien recibidos por estos dos viajeros con el estómago un “pelín” vacío. No nos queda tabaco pero de postre tenemos dos manzanas. Cuanta gente tiene que haber en el mundo que tenga que racionarse la comida o cuanta que no puede ni racionarla, pienso en ese momento mientras estamos sentados fuera del camino verde y disfrutando de las marismas con sus flamencos. Al poco de comenzar a darnos el “atracón” pasa por nuestro lado un chico de unos veintiséis años, parece extranjero y sólo lleva un bolso tipo bandolera.  Le saludamos, nos saluda y se para dos minutos. Es ucraniano, viene desde Ayamonte caminando prácticamente con lo puesto y se dirige por toda la costa de Huelva hacia Cadiz, de ahí a Málaga, Almería, Murcia y dirección Alicante. Tiene a su familia allí y va a reunirse con ellos. -No tendrás un cigarro?- le pregunta Sébastien, sin mediar palabra echa la mano a su bolso y saca un puñado de colillas recogidas, sabe Dios, donde y cuándo. Se despide. Primera vez que toca fumar un cigarro liado con colillas de la calle y no creo sea la última. Admiro a esa gente que sabe controlar sus “vicios”. Vemos cómo no muy lejos se acercan unas nubes que parece traen agua.

 

Hemos caminado otro kilómetro más y ya tenemos las nubes negras encima de mi coronilla. Nos siguen desde que, haciendo el Camino de Santiago, entramos en Galicia. Necesitamos (palabra muy importante) mucho sol (palabra muy importante), basta ya de agua (también es palabra muy importante pero no ahora) por favor. Parece que va a descargar agua en segundos y tiene pinta de durar unas cuantas horas. Un caseta abandonada de unos ocho metros cuadrados. Tejado de chapa. Tres montones de tierra barrida por alguien. La puerta desencajada y apoyada en la pared exterior. Una mesa de “aquella manera”. Excrementos de ratón por todos lados… No por favor!!! Intento adelantarme al pensamiento de Sébastien animándole con un… -seguro que llegamos al cruce antes de que llueva, allí hay un puesto de la Cruz Roja y seguro que nos acogen por una noche. Llega el momento de la propuesta… -No me jodas!!! yo no puedo dormir aquí Sébastien-. Creo que no le ha gustado mi rotunda negativa a esa “fantástica noche”. El comenta que prefiere dormir ahí dentro, a cubierto, antes que nos entre el agua otra vez en la tienda. Aún nos quedan nueve horas de luz y creo que merece la pena arriesgar aunque ello nos suponga una buena empapada. Le digo que además yo no puedo pasar nueve horas sentado frente a la autovía y mirando cómo pasan los coches. –Yo puedo tocar la guitarra aquí perfectamente además puedes montar la tienda dentro de la caseta y dormir dentro-, me dice. Uf!!! De verdad que no puedo Sébastien-. No le gusta, “ni un pelo” la idea de continuar camino, pero se pone en marcha. De ahí y hasta el cruce el paseo es un “pelín” tenso pero no cae una sola gota de agua, hace fresco pero ha vuelto a salir el sol. Llegamos al cruce…

 

No hay puesto de la Cruz Roja, lo han cambiado por uno de bomberos pero ellos son deportistas y no fuman. La puerta está abierta y entramos preguntando si hay alguien. Nos dicen que pasemos. Una habitación con dos bomberos viendo la televisión y con cara de simpáticos nos reciben fenomenalmente. –Hola!!! somos dos viajeros que…- dice Sébastien. Se presentan uno como Saïd y el otro como Sergio, parecen dos buenos tipos. Pedimos agua fresca y aprovechamos el momento… -y un cigarro?- Son dos los cigarros que Saïd nos ofrece. Volvemos a comentar un poco por encima la historia de nuestro viaje y parecen muy interesados pero sus caras les delatan, se han dado cuenta de que no tenemos un céntimo y no me extraña, llevamos unos cuantos días con una no muy “buena pinta”. Salimos del puesto de bomberos rumbo a no se sabe donde pero con una idea clara, no queremos mojarnos esta noche. Un chiringuito!!! Un chiringuito, con muy buena pinta y justo detrás de los bomberos. Antonio es el hombre que nos recibe cuando nos acercamos al sitio, es brasileño pero le entendemos perfectamente cuando nos contesta afirmativamente a la pregunta de si podemos pasar la noche en el suelo del interior de la carpa que tiene montada frente al chiringuito. Pienso que estoy viviendo un sueño después de que casi pasamos noche en aquella caseta.

 

Antonio nos saca una alargadera para poder cargar los móviles y conectar los ordenadores, qué enrollado!!! Desplegamos todo nuestro arsenal informático para trabajar un poco. Al de un rato nos vamos a dar una vuelta por la playa, que bien sin mochilas. Sébastien se vuelve al chiringuito, le apetece tocar su guitarra y a mi perderme por ahí para sacar alguna instantánea que merezca algo la pena. Pasamos los dos un buen momento disfrutando de eso que muy pocas veces tiene uno, su espacio. Tenemos muchísima hambre, qué raro!!! Se me olvidaba mencionar un kilo de arroz con el que veníamos cargando desde Almendralejo y que no habíamos tenido forma de cocinar. Mi compañero propone preguntarles a Saïd y Sergio si podemos cocinar el arroz donde ellos. El se va hacia el puesto de bomberos y yo me quedo recogiendo un poco todo. Lleva ya unos minutos sin aparecer por el chiringuito así que me imagino que está con la cazuela en el fuego y charlando con los dos, así es. Pocos minutos después Antonio se acerca y me pregunta si habíamos cenado, le contesto que no y  me dice que nos han preparado una cena brasileña. Salgo corriendo hacia la caseta de los bomberos para avisar a Sébastien que ya teníamos cena preparada en el chiringuito. Tanto Saïd como Sergio se alegraron por la noticia y nos dijeron que nos fuésemos tranquilos a cenar porque ellos se encargaban de cocinar el arroz. A uno no le suele funcionar muy bien la cabeza cuando se tiene verdadera hambre y salimos casi sin dar las gracias por el detalle a nuestros dos nuevos samaritanos. Una ensalada, una especie de gazpacho, unos trozos de carne frita y una bandeja de arroz era lo que Antonio nos había colocado sobre la mesa. Nos dio la sensación de estar cenando en el mejor de los restaurantes sin gente alrededor y con vistas al mar. Pasó de ser sensación a realidad en el momento que comenzamos a cenar. Fue un momento de esos que te llegan adentro. Nos estaban dejando dormir a cubierto una noche que pintaba muy mal en cuanto a lluvia y nos habían preparado una cena que no recordábamos cuando había sido la última parecida. Antonio nos presentó a Fátima, su mujer, y después de agradecerles el detalle, Sébastien les regaló su momento de grabación.  Por sorpresa se nos presenta Saïd con dos platos en la mano. Dos huevos fritos y un filete de carne para cada uno, eso se habían estado trabajando nuestros dos bomberos…

 

Esta noche dormimos a cubierto, con el estómago descansado y rodeados de buena gente. Estamos tranquilos.

 

Gracias Sébastien, Antonio, Fátima, Saïd, Sergio, Mertxe, Marta, Ángel, Hayeham, Julio, Cristina, Rodri, Fabien, Alberto… gente como vosotros y como todos aquellos que no dudan un segundo en regalar una sonrisa, sois los que realmente estáis consiguiendo que el mundo no se venga abajo.

 

Besitos para ellas, abrazos para ellos


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías