Posteado por: Joseba y Sébastien | 27 Mayo 2008

Una noche con fresas

 

27 de mayo de 2008 (09′00 h.)

Joseba:

La tarde-noche ha sido perfecta. Hoy es de esos típicos días que uno se levanta nuevo…

 

Hemos encontrado muy buena gente a lo largo del viaje pero cruzarnos con Antonio, Fátima, Saïd y Sergio ha sido algo muy especial. Sébastien me dice que ha dormido muy bien, yo nunca hubiese pensado que dormir sobre un suelo de madera fuese tan placentero, me hacía mucha falta descansar una noche. Muy bien.

 

El incansable Antonio ha preparado dos cafés, dos de esos que cuando uno está enamorado le prepara y acerca hasta la cama a su pareja servidos sobre una bandeja en la que de fondo está escrito… con el corazón. Una vez más llega el momento de la despedida, ese momento que aunque haya aprendido a digerir, sigue siendo duro. La pareja nos desea tanta suerte como la que desearían a sus dos hijos. Chao Antonio, chao Fátima, un auténtico placer!!!

 

Nos dirigimos al puesto de bomberos a recargar la botella con agua de esa bien “fresquita” que tienen. –Se puede?-  Ya sabíamos que no íbamos a ser recibidos por Saïd y Sergio porque la víspera nos habían informado del cambio de turno. Nos reciben otra pareja de bomberos que  se presentan como Salvador y Juan Pedro, nuestros dos nuevos samaritanos. Nuestra pareja parece estar interesada en nuestro viaje y creo que son conocedores de nuestra situación. Salvador, un tipo genial, nos invita a dos cigarros que son tan bien recibidos como los dos nuevos cafés que Juan Pedro nos prepara. De verdad os digo que no se puede pedir más a la vida, nos cruzamos con la generosidad allí por donde pasamos. La gente consigue que nos sintamos pieza importante del gran puzzle que es este mundo. Una nueva charla nos anima a quedarnos el tiempo que sea necesario, no hay prisa, estamos disfrutando una vez más del momento. Llegan otros dos nuevos cigarros y Salvador nos pregunta si tenemos mucha prisa… -Podéis esperar aquí unos veinte minutos?- Tenemos toda la vida por delante-, le contesto. –Esperarnos aquí dentro que vamos al “super” a comprar un par de bocadillos para que os llevéis- Salvador consigue que los “pelillos” de nuestros brazos se estiren otro día más. –No hace falta que saquéis las mochilas, dejamos esto abierto- Están en el turno de guardia, deben estar en su puesto y somos dos viajeros que acaban de conocer pero les puede la generosidad. Me gustaría que por un día tuvieseis la oportunidad de conocer, sentir, vivir en definitiva uno de los tantos días que se nos están regalando, apuesto mi mochila a que más de una lágrima correría por vuestras mejillas. Llegan nuestros bomberos a su puesto con su flamante camión rojo, les queda que “ni pintado”, se les ve en la cara que se sienten orgullosos de su trabajo y de lo que están haciendo por sus dos nuevos amigos. Nos queda un duro día de caminata por la costa de Huelva así que no dudamos en comer en ese momento los dos bocadillos pudiendo palpar, a la vez, la satisfacción de nuestros samaritanos. Nos despedimos de dos grandes “tipos” no sin antes recibir de Salvador un paquete de tabaco casi lleno. –Os vendrá bien-. Comenzamos a caminar descalzos por la arena, nos alejamos físicamente de ellos pero les dejamos dos buenas porciones de nuestros corazones. Un abrazo muy fuerte para estos dos bomberos que sin tener el fuego cerca saben como “apagar” las necesidades de la gente. Gracias.

 

Hace muchas semanas que deseamos caminar descalzos por la playa bajo el sol y por fin se convierte en realidad. Creo que las mejores playas para disfrutar de un tranquilo caminar, aún con veinticinco kilos a la espalda, son las de Huelva. Puedo tocar la tranquilidad. Debo decir que tenía muchas ganas que mi compañero conociese esto y nos hacía mucha falta. Vamos encontrando pequeñas y diferentes piedras, cada cual más bella, unas piedras que gracias a sus largos viajes, mucho nos podrían enseñar. Tenemos por fin, desde hace mucho tiempo el sol (palabra muy importante) sobre nuestras cabezas aunque a lo lejos se ven unas nubes con muy mala pinta. Realizamos alguna parada a lo largo de los kilómetros que separan El Cruce de El Rompido y Nuevo Portil . En una de ellas  y obligados por ese agua que se nos viene encima, encontramos un nuevo chiringuito que nos puede salvar de una buena ducha de agua fría. En él hay una chica que está resguardando del agua las sillas y algunas mesas… -Podemos quedarnos debajo de la carpa un rato hasta que pase la tormenta?-, le pregunto. –Claro que sí, podéis sentaros en cualquiera de estas mesas-. Descargamos las mochilas y qué menos que ayudarle a meter debajo de la carpa lo que ella nos iba indicando. Al poco y estando ya sentados, llega un hombre que parece ser su jefe. Le echará la bronca por dejarnos disfrutar de una de sus mesas? Parece que no porque una vez más oímos aquello de… queréis un café? Manuel, que así se llama, entra a formar parte de la ya larga lista de samaritanos cuando  entiende nuestra situación. Nos está preparando los cafés con un bollo de pan y mantequilla. Tras escuchar nuestra explicación sobre lo que estamos haciendo decide sentarse a charlar con nosotros. Nuevamente nos cruzamos con alguien que está muy interesado en hablar del tema. Gracias por estos minutos. Estamos disfrutando nuevamente del momento, Manuel nos ha traído una alargadera para que, mientras fuera diluvia, podamos trabajar con nuestros ordenadores. Otra vez más vuelvo a preguntarme, qué más se puede pedir? Aprovecho también la ocasión para  sacar alguna fotografía. Parece que ha dejado de llover y que descansará durante un buen rato así que continuamos camino… Gracias Manuel y suerte en la vida.

 

Nuestros pies descalzos sobre la arena vuelven a soportar el peso de las mochilas pero esta vez hemos hecho un alto importante en el chiringuito de Manuel así que todo va bien. Son muchas piedras y pequeñas conchas las que saludan a nuestro paso, dan ganas de meterlas a todas en la mochila pero es muy importante el trabajo que desempeñan, otros caminantes llegarán y serán bien recibidos ellas. Dos señoras hablan entre ellas de pie sobre la arena y en la puerta que da acceso a la propiedad de una de ellas. A nuestro paso nos preguntan -dónde vais con esas mochilas tan grandes? –De dónde venimos- le contesto yo. -Vamos dirección Ayamonte y venimos de Santiago de Compostela-. –Andando?- pregunta una de nuestras dos nuevas interesadas. –Bueno, un poquito andando y el resto a dedo, autobús, tren…- Nos aconsejan llevar un poco menos peso porque es muy malo para la espalda. Nuestros pies nos lo indican pero hace falta cargar con ello. Un saludo señoras. Suerte!!!

 

Otra vez esas nubes encima nuestro!!! No queda otra que hacer un nuevo alto obligado en un chiringuito cerrado y que por la pinta que tiene lleva mucho tiempo así pero tiene un pequeño espacio cubierto donde se puede montar la tienda. El hambre aprieta y echamos mano de lo único que tenemos, el arroz blanco que el día antes nos habían cocinado Saïd y Sergio, una lata de sardinas en aceite y dos porciones de quesitos. Preparamos un revuelto de arroz y sardinas. Es poco pero con una buena mentalización se convierte en suficiente por el momento. Cae de golpe sobre el chiringuito toda el agua del mundo pero vuelve a quedarse despejado al rato así que vuelta a ponerse en marcha… Atravesamos el primer pueblo y llegamos por la carretera a Nuevo Portil. Una de las muchas sensaciones que tengo en este viaje es que son muchas las miradas que se desvían de su camino para hacer un alto en nosotros. En este caso las entiendo un poco más, caminamos descalzos y con dos grandes mochilas por la carretera principal que atraviesa los dos pueblos y lleva a Cartaya. Estamos un poco cansados y decidimos hacer un alto en la marquesina de una parada de bus. Durante ese tiempo son varias las veces que pedimos tabaco. Estamos sin un solo céntimo y la tarde-noche puede hacerse larga, seguro que necesitamos algunas caladas antes de dormir. A nuestro lado hay un pequeño pero “plagado” supermercado. Son varias las personas que entran con las manos vacías y salen con varias bolsas repletas de comida… Eso nos recuerda que era poco lo que habíamos comido. Después de salir del “super”, una mujer deja sus bolsas en el suelo y nos dice que ya llevamos un buen rato ahí… -Esperáis a alguien?- No, hemos aprovechado para descansar un poco-. Le preguntamos si conoce un sitio con bosque donde poder acampar y sin mediar palabra grita, “Manueeeeee”. -Está un poco bebido pero es buena gente-, nos indica. El hombre se acerca y nos señala un lugar donde poder montar nuestro ”chalet” sin ser molestados. Les indicamos que estamos sin dinero y preguntamos si saben de algún sitio donde podamos trabajar uno o varios días. –A unos veinte minutos andando por la derecha de la carretera llegáis a una zona donde están montando la Feria de Cartaya, hay casetas y el viernes comienza la fiesta así que igual necesitan gente- nos comenta la señora. Nos despedimos de ellos con besos y estrechando la mano. Hay una posibilidad de trabajar así que merece la pena andar un poco más de lo que teníamos pensado.

 

Llevamos caminados unos cuantos metros ya, tantos como los que se pueden andar durante una hora aproximadamente y de Feria de Cartaya, nada de nada. Se nos está echando la noche así que aprovechando que pasamos por una inmensa plantación de fresas, le convenzo a Sébastien de hacer noche enfrente. Yo tengo entendido que cuando se “roba” porque se tiene verdadera hambre y no hay dinero, no es robo, es pura necesidad. El sitio es perfecto para acampar, el lugar es tranquilo y tenemos muy buenas vistas. Cae la noche y probamos suerte en la plantación. Necesitamos pasar una noche con fresas.

 

Besitos para ellas, abrazos para ellos.

 

 

 

 


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías