Posteado por: Joseba y Sébastien | 28 Mayo 2008

Todo llega

28 de mayo (09’00 h.)

 Joseba:

Otra dura noche de humedad en el interior de la tienda, frío para Sébastien y el sueño marcado en nuestras caras, pero otra noche acampados en otro impresionante paraje que el mundo nos brinda. Otra mañana sin saber lo que nos deparará el resto del día. Otra mañana con una sensación compartida, la sensación de que nos viene otro duro día sin comida, otro duro día sin tabaco y otro duro día de caminata por las carreteras de Andalucía.

 

La sensación se convierte en realidad cuando después de caminar otros tres kilómetros llegamos sobre las once de la mañana a la feria de Cartaya situada entre El Rompido y el pueblo que da nombre a la misma y después de pedir trabajo para unos días, un día o unas horas, recibimos negativas porque ya se encuentran cubiertos todos los puestos. Teníamos esperanzas de conseguir un “dinerillo” con el que pasar unos días hasta que Sébastien recibiese el ingreso que espera. Las cosas no salen tal y como a uno le gustaría, paciencia porque todo llega.

 

Caminamos unos cuatro kilómetros más hasta llegar a Cartaya, y con la moral bastante baja nos sentamos en un banco de la “plaza chica” del pueblo y tras pasar unos minutos en silencio, decidimos enviar algunos mensajes de ayuda, una ayuda que nos devuelva la fuerza que se suele tener cuando uno tiene la tripa un poco más llena. Iñaki, Mertxe, Miguel y Tom son las personas que reciben los mensajes. Recibimos noticias de Iñaki que no tiene dinero pero intentará enviarnos cincuenta euros y de Tom quién comenta que no va a poder ser porque estamos a final de mes. Nos terminamos de hacer a la idea que hasta mañana no comeremos y continuamos camino hacia Lepe y La Antilla.

 

Uf!!! qué pesados se nos hacen los seis kilómetros hasta llegar a Lepe y más cuando realizamos otro alto pidiendo trabajo en una cooperativa de frutas antes de llegar al pueblo y recibimos la misma respuesta que en la feria de Cartaya, no hay puestos libres. Ya en Lepe y tras pedir tabaco a varias personas en la calle, decidimos continuar del tirón los cinco kilómetros que nos separan de La Antilla pero las fuerzas y la moral empiezan a hacer seria mella en los dos.

 

La Antilla, viento, frío, muy poca gente en la calle y sólo un sitio donde poder dormir. Un chiringuito aún sin abrir en una playa con mucho oleaje. Un chiringuito por el que corre a su libre albedrío un viento que corta la cara. Recibo un mensaje de Cris en el momento idóneo, en ese momento de bajón total. El mensaje me hace pensar como si tuviese la tripa algo más llena y le comento a Sébastien probar suerte planteándole nuestra situación al cura del pueblo. Nos dirigimos a la iglesia y la misa de las ocho de la tarde está para comenzar así que decidimos esperar fuera y utilizar el tiempo pidiendo un donativo a las diferentes personas que pasan por nuestro lado. Uno dice que no lleva nada encima, el otro tampoco lleva nada… Una chica nos dice que vuelve en un momento para darnos el euro que le solicitamos para comprar pan y así lo hace, vuelve a los pocos minutos con su euro. Tenemos para una barra de pan del supermercado de al lado pero nuestro estómago necesita algo más de pan y recibimos otro euro de un matrimonio que entra en la iglesia. Una barra de pan y nuestra botella de agua son suficientes para valorar lo que en otro momento de nuestra vida sería insignificante. A la salida de la iglesia el mismo matrimonio comprueba que efectivamente el euro había sido utilizado para comprar pan y no otra cosa y deciden, sin más, entregarnos dos euros más para poder meterle algo dentro al pan. Compramos una tercera barra y guardamos el otro euro y diez céntimos para mañana. Nuestro estómago por fin está bien lleno. Poco después aparece Carlos Javier, el cura de La Antilla. Nos escucha atentamente lo que le contamos y sin pedir más explicaciones nos comenta que él nos puede acercar en su coche hasta Ayamonte, nuestro destino final del viaje por la parte oeste de la costa de Huelva. Antes debemos hacer un alto en Isla Cristina porque Carlos Javier debe impatir una charla a dos futuros matrimonios y quiere entregar algo de comida y dinero a una chica de Chequia que lo necesita. Nos entrega diez euros, toda una fortuna para nosotros, y a cambio debemos ir a una cafetería a comer algo y tomar algo caliente. Nuestro estómago está lleno de pan así que tomamos dos cafés “calentitos” y compramos un paquete de tabaco, qué bien nos entra!!! Al volver donde habíamos quedado con Carlos Javier, le comentamos que nos han sobrado cinco euros y que a alguien le podía hacer más falta que a nosotros pero él insiste en que nos quedemos con ellos para mañana. Dos cafés, una barra de pan y un paquete de tabaco es lo que disfrutaremos al día siguiente a su salud. Nos deja en un centro de acogida al transeúnte del que la Cruz Roja de Ayamonte dispone para estas ocasiones. Nos recibe Paco, un jubilado que lleva el centro y que nos invita a una buena ducha, una cama caliente y la posibilidad de escribir en el ordenador estas palabras de agradecimiento a todas las personas que han conseguido, gracias a su humanidad, que un día que comenzó con mala pinta para estos dos viajeros, termine siendo un día muy positivo. Todo llega.

 

Dulces sueños compañeros.

 

Besitos para ellas, abrazos para ellos.


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